martes, 22 de septiembre de 2009
sábado, 12 de septiembre de 2009
Que coman pasteles

No fue gobernada, no quería que sus pensamientos fueran dirigidos, un tanto frívola e independiente manejo el poder del Rey y su vez a la decandencia de Francia, a la llegada de la Revolución provocada por los burgueses el nombre de este personaje ya resonaba para la guillotina

yo dejo creer al pueblo que tengo más crédito del que en realidad tengo, porque si no se me cree, tendré todavía menos crédito
viernes, 11 de septiembre de 2009
Repetida y muy manoseada

Benditos sean los olvidadizos, pues superan incluso sus propios errores.
Quedate en mi mente, refugiate, pero quedate ahí, porque me estabilizas, me tranquilizas, no me borres pues mis propios errores me hacen peso, no te preocupes que pesan bastante, cuando pienses en lo sucedido ten en claro que serán como mis cicatrices que cargo en mi muñecas, es que aun me intimidas en realidad tengo miedo, mejor borremos todo esto y empezemos de nuevo, si no empezemos de nuevo sobre lo ya hecho, tu decides, pero no me deseches, es que caminar una hora a ninguna parte a tu lado es como 100 besos tuyos, hablar de la nada o de la calle marin es como un día en la playa o un juego que da miles de vueltas a la orilla de la playa, lo recuerdas?... o mejor recuerda un departamento con tan solo un sillón y una cama, elige tu.
jueves, 21 de mayo de 2009
Fecha de vencimiento.

Paralelamente…
Ella había salido de un sillón rojo, de una habitación comenzando el amanecer, de un departamento sofocado de ruidos de micro, no se entendía y tampoco quería entenderse, no caminaba a toda prisa, fumaba un viceroy – parecía que se lo iba a tragar debido a la rapidez con que fumaba – usaba una chaqueta de cuero y unos pantalones muy ajustados. Sus pasos eran con mucha determinación, se podían marcar en el suelo, sentía la necesidad de fumar al punto de quedar sin voz y quizás lograr tener un cáncer a largo plazo, pero era el último que le quedaba.
Mientras doblaba miraba su bolsillo roto, tenía un agujero… Había sido una larga caminata, las calles no las distinguía, pensaba si era lo correcto, pero ¿qué es lo correcto?, en verdad no era el momento de cuestionarse.
Antonia estaba medio tirada en su sillón habitual tenía un color bastante rojo, generalmente se sentaba a disfrutar un cigarro, pero esta vez no se encontraba por eso motivo sentada ahí, como inerte, estaba ahí porque había perdido algo, quizás lo más valioso que había tenido. Prefirió volver a ver el amanecer, muchos días anhelo no dormir para ver esos tonos, sentía que se podía calmar, sentir un poco de brisa, el sonido de las micros, pero esta vez no era la solución, algo en ella no estaba presente y se había ido muy lejos dentro de un bolsillo a medio coser.
Domingo, odiaba los domingos, Antonia aun estaba sentada en el sillón, eran casi las dos de la tarde y habían pasado 6 horas desde que se había ido Julia, a su alrededor solo habían colillas y cenizas, compartían el vicio. Casi a las 7 de la tarde se había comenzado a mover, las piernas no podían responderle, sus ojos estaban prácticamente secos y sus labios aun extrañaban el roce, el ruido de las calles habían desaparecido. Mientras comenzaba el inicio del movimiento de sus piernas pensaba en Julia, en su cabeza era lo único existente, su nombre resonaba, pero no había nada que hacer. Es que lo sentía era mucho más allá que la angustia o tristeza, era inexplicable, aun no podía reaccionar debido al estruendo producido por la puerta…

